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Obesidad un problema serio entre los Mèxicanos.
» NOTICIAS Miercoles, 10·Marzo·2010
El derecho a la salud es fundamental e indispensable para el
ejercicio de los demás derechos humanos como lo establece la
Observación General número 14 del Comité de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales de las Naciones Unidas. Posiblemente es un
derecho que se viola con mayor frecuencia por omisiones que por actos.
El
crecimiento del problema de la obesidad a lo largo del tiempo, con
indicadores claros de su presencia y desarrollo y con graves impactos
en la salud de la población, es una manifestación de que el Estado ha
incumplido con su obligación de velar por este derecho, de que lo ha
violado por omisión.
Existen indicadores del aumento acelerado
del sobrepeso y la obesidad en la población mexicana desde hace más de
15 años. La Encuesta Nacional de Nutrición (ENN) de 1999 advirtió que
este fenómeno ya había tomado la dimensión de epidemia por lo menos
desde hace 8 años. Por su parte, la Encuesta Nacional de Salud y
Nutrición (Ensanut) de 2006 reconoció a esta epidemia y sus
consecuencias como el mayor reto de salud pública del país. Una de las
consecuencias de este problema es la diabetes, que está creciendo a un
ritmo de 3% anual y hoy en día es la principal causa de muerte por
enfermedad degenerativa, de amputación de miembros y de ceguera por
enfermedad asociada.
La comunidad internacional coincide en que
la causa del sobrepeso y la obesidad, en su magnitud de epidemia, ya no
radica en los malos hábitos individuales sino en la conformación de un
entorno al que se le ha denominado ambiente obesigénico. Entre los
elementos que se señalan como promotores de este ambiente, de manera
especial entre los niños, están la publicidad de alimentos con altos
contenidos de azúcar, grasas y/o sal; la predominancia de éstos en las
escuelas; la ausencia de campañas de alcance nacional de orientación
nutricional y la carencia de programas efectivos de educación para una
sana alimentación; la falta de bebederos con agua potable en escuelas y
espacios públicos, además de la reducción de la actividad.
La
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en su
artículo 4° que: "Toda persona tiene derecho a la protección de la
salud". Asimismo, la Ley General de Salud tiene como objetivo central
garantizar ese derecho; en su artículo 1° se señala: "La presente ley
reglamenta el derecho a la protección de la salud que tiene toda
persona en los términos del artículo 4° de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos".
El derecho humano a la salud se
encuentra reconocido en diversos instrumentos internacionales de
derechos humanos ratificados por el Estado mexicano, como el Pacto
Internacional de Derecho Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC).
Como lo establece la Convención de Viena sobre el derecho de los
tratados, el Estado está obligado a cumplirlos y no puede alegar su
derecho a no hacerlo.
El artículo 12 del PIDESC enuncia el
derecho a la salud como "el derecho de toda persona al disfrute del más
alto nivel posible de salud física y mental", señalando que los Estados
Parte tienen la obligación de adoptar medidas a fin de asegurar la
plena efectividad de este derecho. La comunidad internacional definió
el concepto de salud (con la creación de la Organización Mundial de la
Salud [OMS]), como "el estado de completo bienestar físico, mental,
social -no solamente la ausencia de aflicciones y enfermedades- como un
derecho fundamental y el logro del grado más alto posible de la misma
es un objetivo social".
El Estado mexicano, a través de la
Secretaría de Salud, debe ser garante del derecho a la salud. A partir
de datos oficiales se puede asegurar que el Estado tuvo información
suficiente para identificar el surgimiento del sobrepeso y la obesidad,
al menos, desde hace 17 años. La Secretaría de Salud pudo haber evitado
que estos problemas alcanzaran el grado de epidemia e incidencia y que
han llevado a México a ocupar el segundo lugar a nivel mundial. El
Estado no ha protegido ese derecho y, por lo tanto, lo ha violado por
omisión al permitir actualmente que este fenómeno sea una de las
principales causas de morbilidad y mortalidad en la población mexicana.
El
30 de agosto de 1990, El Sol de México titulaba una de su notas "Se
incrementa la obesidad. Hoy día más de 24 millones de mexicanos -30% de
la población- padecen esta enfermedad y por tanto requieren de
tratamiento"; 16 años después, en 2006, casi 70% de la población adulta
presentó sobrepeso u obesidad. De 1999 a 2006, el sobrepeso y la
obesidad en niños de 5 a 11 años aumentó 40% y la cintura de las
mujeres en edad fértil aumentó 10 centímetros. Por lo anterior es
evidente que el Estado omitió acciones y con ello violó el derecho de
los mexicanos a la salud permitiendo el desarrollo y fortalecimiento
del ambiente obesigénico. No evitó que las escuelas se convirtieran en
facilitadoras de la obesidad entre las y los niños. Permitió en éstas
el predominio casi absoluto de la llamada "comida chatarra" y que la
actividad física descendiera significativamente. Fue así que las
instituciones educativas, en lugar de contribuir a una educación
alimentaria y fortalecer con ello el estado de salud de la población,
se convertió en un paraíso para la comida chatarra y en un obstáculo
para aquellos padres que buscan promover buenos hábitos alimenticios en
sus hijos.
LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS, EN LUGAR DE
CONTRIBUIR A UNA EDUCACIÓN ALIMENTARIA Y FORTALECER CON ELLO EL ESTADO
DE SALUD DE LA POBLACIÓN, SE CONVIRTIERON EN UN PARAÍSO PARA LA COMIDA
CHATARRA Y EN UN OBSTÁCULO PARA AQUELLOS PADRES QUE BUSCAN PROMOVER
BUENOS HÁBITOS ALIMENTICIOS EN SUS HIJOS.
Por otro lado, la
publicidad televisiva de la comida chatarra ha invadido los hogares y
se ha convertido en uno de los factores clave en el deterioro de los
hábitos alimenticios. Actualmente, la televisión mexicana es la que más
cantidad de anuncios de comida chatarra trasmite por hora en horario
infantil comparándola con la información disponible en el ámbito
internacional. Un cálculo conservador estima que en México, con un
promedio de dos horas diarias de televisión, un niño terminará viendo
más de 12 700 anuncios de este tipo de productos y ninguno de
orientación nutricional. Esta situación se da a pesar de que el
Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Publicidad
establece que los anuncios publicitarios no deben dañar los buenos
hábitos alimenticios y la Ley Federal de Protección al Consumidor
prohíbe el engaño en los mensajes dirigidos a niñas y niños. La
Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) actúa para defender a los
adultos de la argucia en los anuncios comerciales pero no a la
población infantil, no reconoce de manera explicita lo que la
investigación científica ha comprobado: que los niños son abusados por
una publicidad que se aprovecha de su "inexperiencia y credulidad". La
OMS señala que gran parte de los niños menores de 8 años no distingue
entre los programas y los anuncios y no entienden que el propósito del
anuncio es vender. También afirma que el impacto de la publicidad en
los gustos comienza entre los 3 y 5 años de edad.
Los niños y
niñas se encuentran desprotegidos frente a las campañas publicitarias
multimillonarias que, usando todas las herramientas posibles,
determinan sus gustos. Si el Estado aplicara con rigor la ley que
regula este tipo de publicidad, gran parte de los anuncios saldrían del
aire. Sin embargo, ha permitido que esta situación contribuya a la
generación de la epidemia de sobrepeso y obesidad.
Una
problemática adicional la constituye la ausencia de campañas nacionales
permanentes de orientación nutricional. Por lo anterior, gran parte de
los consumidores se encuentran confundidos en relación a lo que debe
ser una adecuada alimentación. El vacío de información es utilizado por
los anuncios comerciales. Frente a las evidencias de los daños
provocados por los alimentos procesados con altos contenidos de
azúcares, grasas y/o sal, las grandes empresas han desarrollado
estrategias de venta que le designan a cada producto una "cualidad
excepcional" para la salud del consumidor, desde el yogurt que hace
crecer a los niños o mantiene esbeltas a las mujeres, hasta el cereal
que preserva la salud del corazón. Esta manera de hacer publicidad
confunde a los consumidores. En ese contexto, las frutas y verduras
-cuyo consumo cayó 30% en 14 años (1988- 2002)- no tienen quien las
publicite con mayor fuerza ni quien destaque sus cualidades. Lo mismo
ocurre con los cereales, los niños son bombardeados con publicidad de
cereales compuestos por entre 30 y 40% de azúcares y el resto por
harina refinada, mientras no hay nadie que destaque las cualidades de
los cereales integrales (la avena, la cebada perla, el amaranto). La
Secretaría de Salud ha establecido una norma oficial mexicana de
orientación nutricional que podría guiar estas campañas, sin embargo,
en la práctica, la norma no se aplica y continúa la promoción de los
malos hábitos de consumo alimentario.
Con respecto al problema
del suministro de agua potable, el Estado ha abandonado la política de
brindarla en escuelas y espacios públicos, a través de bebederos. Hoy
en día para saciar la sed hay que comprar el líquido embotellado a
precio similar del refresco endulzado. Dada la preferencia de los niños
hacia los productos endulzados (que se extiende como hábito a la mayor
parte de los adultos) y ante la ausencia de bebederos, la opción son
los refrescos, bebida altamente calórica. ¿Cuántos niños han dejado la
costumbre de beber agua para sólo ingerir bebidas endulzadas? Esto
contribuye a que México sea el segundo país en consumo de refrescos y
que Coca Cola realice 12% de sus ventas en territorio nacional. El
aumento en el consumo de refrescos está directamente relacionado con el
aumento en el índice de sobrepeso y obesidad de la población infantil,
al igual que la cantidad de publicidad televisiva de comida chatarra
dirigida a niños.
De manera paralela a la responsabilidad de las
instituciones de salud, educación y protección del Estado, en la
violación del derecho humano a la salud de los mexicanos por omisión,
está la grave responsabilidad de los legisladores federales al bloquear
una y otra vez diversas iniciativas que buscaban modificar el ambiente
que promueve la epidemia de sobrepeso y obesidad que se padece en
México.
Las consecuencias de esta violación por omisión al
derecho a la salud por parte del Estado mexicano son graves. Diabetes,
hipertensión arterial, cáncer y otras enfermedades asociadas al
sobrepeso y la obesidad que pudieron haberse evitado. El costo social y
económico de este padecimiento ha sido generado por un Estado que no ha
actuado en forma preventiva y lo pagamos todas y todos.
* Es
director de El poder del Consumidor A. C., afiliada a Consumers
Internacional y miembro del Consejo Consultivo del Consumo. Fue miembro
fundador de la oficina de Greenpeace México donde se desempeñó 5 años
como director ejecutivo y 7 como coordinador de campañas. Es licenciado
en sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana y doctor en
filosofía por la Universidad de Barcelona. Es egresado y asociado del
Programa de Altos Estudios en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable
de El Colegio de México.
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 Comentarios de los lectores (1 Comentario)
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EDGAR PEDRO | Miercoles, 10/Marzo/2010 03:38 am |
Que horrible \"reportaje\" ! no tiene ni pies ni cabeza... ni expresa nada en sus ochenta mil lineas... osea es larguiiiiisimo, y sinceramente no dice nada en concreto... parece mas como si alguien copio y pego de varias paginas de ineternet varios parrafos y los pego para asi \" crear \" un reportaje...
2.- ya le llamaron GORDA a espa pobre senora de la foto ! ahora ya no quera ni salir al parque a sentarse por temor a que la fotografien !
3.- ESTA ES MI OPINION Y OJALA LA PUBLIQUEN ! Y ARRIBA LA LIBERTAD DE EXPRESION !
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